sábado, 22 de enero de 2011

Cascarrabias corazón 3

A la mañana siguiente desperté inmerso en una sensación de bienestar que hacía tiempo que no sentía. Lo sueños decidieron visitarme mientras dormía y, aunque no recordaba lo que había soñado, me peleaba con la almohada intentando quedarme dormido unos minutos más. Sin embargo, un extraño ruido, como el deslizar de unas ruedas contra el suelo acercándose a toda velocidad, me hizo abrir los ojos de golpe. Al lado de la mesita de noche, sentado en una silla de ruedas en miniatura, con un brazo en cabestrillo, una pierna escayolada y multitud de tiritas, estaba mi corazón con cara de pocos amigos.

- ¡Joder!, ¡qué susto!, pareces el muñeco de Saw. ¿Qué te ha pasado?

- Estarás contento, ¿no?

- ¿Yo?, ¿por qué?

- ¡Tus estúpidos sueños me han lisiado!

- Vale, ya sé qué era lo que estaba soñando…

- ¿Qué pasa?, ¿tienes la mente de Fredy y me quieres matar en sueños? ¡Será cobarde esa mente obtusa!, ¡dile que salga ahora que estoy despierto!, ¡venga!

Aunque lo intentaba, la verdad es que la situación en la que se encontraba, con un único bracito sano carente de músculo alguno, no resultaba muy intimidatoria.

- Lo siento, ¿vale? Ahora cálmate. Te invito a desayunar y seguimos con la búsqueda. ¿Te parece bien súperman?

- ¿Puedo llevar mi capa?

- Puedes…

- Está bien, quiero chocolate con churros.

Salimos a la calle y nos dirigimos a una vieja cafetería de barrio donde ponen el mejor chocolate con churros que conozco. Por el camino mi corazón no dejaba de refunfuñar acerca de lo ocurrido. Yo casi no le prestaba atención. Estaba absorto en ver su impecable manejo de la silla de ruedas. Era un modelo de última generación. Tenía de todo, ¡hasta un dvd! Y por supuesto, era automática. Mi corazón la dirigía con una palanquita a modo de yostick que podía mover perfectamente con una sola mano. Si yo tuviera un mando de control en mis manos, podríamos pasar por un niño que juega con su nuevo coche teledirigido cortesía de los reyes magos.

- Apenas se ven mujeres por aquí, y las que hay no son de tu edad.

- Estarán trabajando – Contesté casi por inercia y sin dedicarle el más mínimo interés.

- ¡Eso tendrías que estar haciendo tú!

- ¿Desde cuando te has preocupado por el trabajo? Si tú siempre estás en las nubes, como si la realidad no fuera contigo.

- ¿Qué dices? Yo lo único que quiero es que me dejes en paz de una vez. A ver si tu amiguita mente se mantiene ocupada y me deja vivir tranquilo.

- Cada día eres más simpático…

- ¿A que sí?

Me sonrió de manera prepotente. Nunca imaginé que un corazón pudiera sonreír, pero menos aún que lo hiciera de esa manera. Era como una caricatura de las estampas de “Toy” intentando parecer alguien importante. Me entraron ganas de pegarle… pero claro, es mi corazón, seguramente me dolería a mi también.

Pocos minutos después llegamos a la cafetería. En la puerta, como todas las mañanas, había una joven repartiendo periódicos gratuitos. Hasta ese día no me había fijado en ella. Era de piel morena, de cabellos oscuros y, sin embargo, tenía los ojos claros. No sabría identificar el color exacto. Eran como azules casi llegando a grises. Su mirada transmitía ternura y su sonrisa era dulce y tímida a la vez. Al pasar por su lado me saludó con un simple buenos días sin llegar a mirarme a los ojos y, con cierto nerviosismo, me dio un periódico. Nuestras manos se rozaron levemente y…

- ¡Dios mío!, ¡es un milagro!, ¡puedo andar!, ¡puedo andar!

Mi corazón se levantó de su silla con un brinco. Empezó a saltar de alegría mientras se quitaba todos sus vendajes. Estaba realmente eufórico, como si acabara de ganar el mundial. Y sin ningún atisbo de vergüenza y en un tono totalmente desafinado, comenzó a cantar:

- Love is in the air lalalala love is in the aiirrr

La joven estaba totalmente atónita contemplando el espectáculo. Su boca permanecía abierta, inmóvil, y sus ojos parecían decir: “tenemos que dejar las drogas, cada vez vemos cosas más raras”. Segundos después consiguió enlazar algunas palabras:

- ¿Es tu mascota?

- Por ti soy lo que tú quieras, muñeca – dijo mi corazón metido en su papel de seductor.

- No, no, no – Me apresuré a decir intentando que el comentario de mi “Casanova” quedara en el olvido – Es mi…

Me quedé en blanco. No sabía que contestar. ¿Qué le iba a decir?, Es mi corazón, es que me gusta llevarlo en un coche teledirigido… ¡Quedaría como un loco!

- ¿Y bien? – Insistió ella.

- Sí, es mi mascota. Es que ahora por Internet venden cosas súper raras.

Como si alguien apagara de golpe la música, mi corazón dejó de cantar. Su soberbia y chulería cayeron a sus pies y, cabizbajo, sin decir una palabra, se sentó de nuevo en su silla. Había renegado de él. Mi cabeza me decía que eso era lo mejor. Sin embargo, ¿Por qué me sentía tan mal? Hace un rato era mi mente la que me hacía pensar en la mujer del ayer y mi corazón, dañado, se negaba a seguir ese camino. Ahora es él quien quiere caminar hacia una nueva mujer y mi cabeza es la que se niega. Nunca se pondrán de acuerdo.

 
 
Autor: Un Servidor

1 comentarios:

M.David Garcés dijo...

Qué poca vergüenza, renegar de una parte de su ser, eso no se hace!!! Por mu buena que esté la pava... bueno... parece que no está mal la muchacha...