Mis resignados pies me llevaron de nuevo a aquel lugar. Como un actor retirado que visita el escenario que le encumbró a la fama, yo volvía a encontrarme frente a frente con el teatro romano, casi en ruinas, que contempló mi primera y única obra. El ambiente gélido animaba aún más el sentimiento de melancolía que recorría mis venas como si fuera sangre helada. En mi cabeza, imágenes y frases de aquel día revoloteaban sin cesar golpeándose unas con otras. Delante del teatro, ahora se levantaban cuatro o cinco bancos que parecían mirar obras imaginarias encima del escenario. Me senté en uno de ellos, tal y como pensábamos hacer aquella vez ajenos al hecho de que esos bancos no existían entonces. Desde allí, convertido en un espectador más, dirigí mi mirada al escenario y, como si una película pasara por mi cabeza, recreé la escena culmine de mi obra.
No pude evitar estremecerme. Sentí como mis lágrimas saltaban en mis ojos sin llegar a caer. Quizás por miedo a quedarse heladas de frío. Y entonces, mi corazón empezó a dar brincos incontrolados. Cada vez más fuertes, más altos... Hasta que de un salto brusco salió de mi pecho y cayó fuertemente contra el suelo. Como si no hubiera pasado nada anormal, mi corazón se puso de pie orgullosamente. Se sacudió el polvo de lo que parecían ser unas diminutas rodillas, y volvió su mirada hacia mí. Llevaba unos tapones muy llamativos de color amarillo fosforescente que tapaban sus oídos. Sin decir una palabra, sacó de la nada un cartel hecho de cartón en el que se podía leer: "Me tienes harto".
Lo surrealista de la situación no era nada comparado con la curiosidad que aquel cartel me había suscitado. ¿Qué le tenía harto?, ¿Yo a él?...
- ¿Perdona? - Fue la única palabra que pude articular sin trabarme la lengua.
Mi corazón se quitó los tapones que le impedían escucharme. Parecía estar enfadado. Su mirada, lejos de transmitir la ternura que se presupone a un corazón, parecía la mirada de alguien cargado de reproches que escupir.
- Vaya, por fin consigo que dejes de pensar en teatros y penas, y me haces un poco de caso.
- ¿Teatros y penas?
- ¿Lo preguntas?, ¿acaso no era eso en lo que estabas pensando antes de que yo llegará?
- Sss sí... pero...
- ¡Ni peros ni nada! Estoy ya cansado. Sólo le haces caso a tu mente... y ella, lejos de lo que puedas creer, es mala para ti... ¡Y mucho más para mí! Ella lanza los pensamientos, pone en marcha los mecanismos del dolor, y luego soy yo el que los padece. Soy yo el que sufre los mareos de sus idas y venidas... Por no mencionar que siempre acaba rompiéndome...
- Lo siento...
-¿Lo siento?, ¿eso es todo lo que ahora tu mente te deja decir? No, no, no, no, no... No he venido aquí para escuchar un triste "lo siento"... Llevo aguantándote a ti y a tu mente mucho tiempo. ¡Ni poniéndome tapones en los oídos consigo callaros! Así que de lo siento nada. Vamos a ponernos manos a la obra y vamos a callar a esa maldita que habita en tu cabeza.
- ¿Y te crees que no lo he intentado? Es imposible.
- ¡Ay!, ¡Si tuviera me tendrías hasta la coronilla! Se acabaron las lamentaciones. Ahora mismo vamos a ir tú y yo en busca de mujer o vampira que por ti dé la vida.
- ¿Crees que esa mujer existe? Porque espero que sea mujer... no vampira.
- ¡Será posible! Mira, dile a tu patética mente que como no se calle de una vez voy a subir ahí arriba y voy a darle de puntapiés. A ver si aprende.
Silencio. No soy capaz de decirle nada más. Su mal genio es algo que realmente me tiene embobado.
- Mira como se calla ahora la condenada. Muy bien. Vamos, ¡sígueme!
De nuevo, de la nada saca una especie de capa roja al estilo súper man dándoselas del supuesto héroe que va a salvar mi vida, y en consecuencia la suya también. La verdad es que su aspecto era algo cómico. Un corazón cascarrabias disfrazado de súper man no se ve todos los días. Cualquiera diría que era él quien se quejaba de tanto dolor cuando estaba dentro de mí. Pero claro, mejor no decirle nada.
Autor: Un Servidor.
Mirar aquí la interpretación gráfica de la escena a los ojos de un buen amigo.
http://mimolesquine.blogspot.com/2010/12/cascarrabias-corazon.html
2 comentarios:
Muuu graciosoo ese diálogo, y al mismo tiempo más cierto d lo q pueda parecer. Las cosas a veces están ahi aunk no siempre lo veamos jeje.
Tengo que decirte que me he reído y disfrutado como nunca de este texto.
Con tu permiso lo voy a enlazar a mi blog!!
Un saludo y espero que haya más textos de esta buena historia!
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