domingo, 26 de diciembre de 2010

Cascarrabias corazón 2

Tras un largo caminar por las calles malagueñas, mi corazón súper man decidió entrar en una cafetería.

- Después de tu numerito creí que me llevarías a un sitio algo más... ¿movidito?

- Mira, alma de pollo... ¡No querrás que te lleve a un burdel! ¿No me has dicho que preferías una mujer a una vampira? Pues ya está, ¡calla esa boca y entra!

- Está bien, está bien. Pero al menos podrías quitarte la capa. Vas haciendo el ridículo. Te está mirando todo el mundo.

Mi corazón fue aumentando su color rojo en décimas de segundo. Empezó a echar humo por las orejas mientras intentaba controlar su ira apretando fuerte sus diminutos puños. La mirada de odio que me propinaba decía más que cualquier palabra. Mi comentario sobre su capa le había llegado al alma. No sé si a la suya o a la mía, que supongo será la misma.

- Uno, dos y tres, yo me calmaré... Uno, dos y tres, guantazos no te daré.

- Bueno, vale. No te pongas así. Quédate con la capa.

- ¡Faltaría más! No seré yo el que reciba órdenes de tu “mente intelectual” – El tono burlón en su comentario era más que evidente. Parecía un niño chico defendiéndose del que le ataca a base de meterse con él.

La cafetería tenía cierta decoración futurista. Todo era de color blanco y plateado. Las mesas eran muy pequeñas y estaban rodeadas de grandes sofás también de color blanco. Mi corazón se fue hacia uno de ellos caminando con orgullo y meneando cuanto podía su capa. Parecía querer decirme: “Voy con mi capa, molo que te cagas y te jodes”. Sin embargo, sus aires chulescos se iban a esfumar en cuanto llegó al sofá. Era tan alto y él tan pequeño que ni con sus mejores saltos era capaz de auparse arriba.

- Usa la capa súper man – Le dije de manera irónica.

- Que original es tu mente. Que graciosa. Espera, deja que me ría. ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!

No había terminado de soltar el último “¡Ja!”, cuando su voz ya empleaba un tono más suave. Segundos después, agachó su cabeza hacia sus pies y, sin levantar la mirada del suelo, con un hilo de voz, me dijo:

- Súbeme por favor...

Le ayudé a subir en completo silencio. No quise hacer leña del árbol caído. Mi mente, la que él consideraba su enemiga, no me dejó. Me mostró lo que había pasado. Mi corazón, el duro, el fuerte, el cascarrabias, acababa de aprender una lección. Acababa de aprender a tragarse su orgullo.

Una vez sentados en el sofá, pedimos unos refrescos y nos quedamos en silencio durante un buen rato. Mi corazón parecía avergonzado y por primera vez desde que le conocía estaba callado en vez de protestando. Durante ese tiempo, mi mente aprovechó para coger de nuevo el control. Me introdujo en un mundo imaginario formado por recuerdos, pensamientos y sueños. Me volvió a trasladar a la obra inacabada, o mejor dicho, de triste final, en la que acababa de actuar con el papel protagonista. Recreó en mi cabeza la escena de un beso que nunca llegó a ser interpretada. Una noche bajo las sábanas. La ternura de unas caricias... Hasta que de pronto, ese mundo imaginario se evaporó de golpe.

- ¡¡¡Aaayyyy!!! ¡Ay! ¡Ay! ¡¡Me duele un pie!!

Mi pequeño corazón, se veía aún más diminuto y frágil subido en aquel sofá gigantesco, no dejaba de gritar mientras se agarraba un pie de la misma forma que un jugador de fútbol cuando recibe una fuerte entrada.

- ¿Pero qué te pasa?

- ¿Qué me pasa?, ¿qué me pasa?, ¿en qué estabas pensando maldito?, ¿es que quieres matarme?

- Lo.. Lo siento. No creí que mis pensamientos pudieran...

- ¡Serás cabeza de chorlito! ¡Como vuelvas a pensar algo que me duela vamos a acabar en Carlos Haya! ¡Aaayyy! Será posible, ¡es que eres obtuso! Ponte a mirar a las mujeres de por aquí, a ver si hay alguna que tenga un botiquín de primeros auxilios.

Lo cierto era que la cafetería estaba llena de mujeres. Todas y cada una de ellas tenía algo especial. Había una joven con unos ojos azules que parecía que estuvieras viendo el mar. Otra, de aspecto frágil, que desprendía tal ternura en su manera de hablar que perfectamente podría salir en una película de Disney. Pero yo puse mis ojos en una chica, aparentemente solitaria, que leía un libro en un rincón apartado de la cafetería. Era morena. Con un flequillo que casi le tapaba los ojos. Llevaba gafas, pero le quedaba bien. Le daba un aire interesante. De vez en cuando levantaba la mirada de su libro y me sonreía tímidamente.

- ¿Qué te parece aquella de allí?

Silencio. No había respuesta.

- Oye, ¿me estás escu...?

Mi corazón estaba completamente dormido. Se había sacado una almohada y un edredón que parecía salido de los complementos de la muñeca Barbie, y se había quedado grogui. Así, dormido, parecía hasta bueno. Había sido un duro día para él y también para mí. Lo cogí con cuidado y me lo llevé a casa. Era evidente que aquella mujer no era la que buscaba.


Autor: Un Servidor.

2 comentarios:

M.David Garcés dijo...

Empezamos a ver las verdaderas características de un corazón que pasa de la faceta de "superhéroe" para dejar entrever la delicadeza que de verdad le atañe. Interesante el cambio que expresa la historia, vuelvo a estar impaciente para ver quién conoce con ayuda del cascarrabias!!!

P. Valentín dijo...

Cascarrabias corazón 3 YAAAA!!!!! me encanta, niño!!