sábado 17 de marzo de 2012

Alma anónima

Camino enmarcado dentro de una interrogación sin rostro. Sin saber quién soy o qué soy... Carezco de brillo y estoy lleno de miedos que me tiñen de oscuro... oscuro soledad. Inseguridad hecha persona, identidad escurridiza... intento ser sin saber lo que ser...

Miro en cada espejo buscando mi Yo... pero todos los espejos parecen distorsionarse, me ofrecen distintos Yo... irreconocibles, diferentes... sin nada en común salvo el miedo de sus ojos, la mirada perdida que nunca se encuentra...

Cargo con kilos de silencio... guardan mis gritos de auxilio... mis delirios... mi alma anónima en busca de nombre.


Autor: Un Servidor

domingo 19 de febrero de 2012

Soy...

Soy aquello que ves y que no ves. Maestro en la invisibilidad inoportuna. Amasijo de palabras sin dueña. Rey sin corana ni reino. El guardián de un castillo de arena. Soy un corazón que grita en silencio a pleno pulmón. Un alma asustadiza que se disfraza sin picardía. Un bufón con la mentalidad de un hombre sabio. Soy aquella máscara cubierta de ironía que esconde los secretos que solo los sueños ven.


Autor: Un Servidor

domingo 12 de febrero de 2012

El corazón burbuja

Mi corazón late lentamente, casi por inercia, como si le pesara vivir. Al otro lado de la ventana se encuentra aislado. La tristeza y el frío caen sobre él como bloques de hielo. Se ha convertido en el corazón burbuja.

Hipocondríaco, tiene miedo a salir al exterior. La razón le ha convencido de que vivir así es lo mejor, lejos de toda emoción. Los sentimientos te aceleran el pulso, te fatigan, magullan... te oxidan...

Metido en su burbuja, mi corazón ve la vida pasar, como si fueran películas en una gran pantalla de cine. Ve cómo los ángeles se enamoran de las mortales, cómo los hombres aman y son amados, cómo ese sentimiento llamado amor parece inundarlo todo...

A veces tirita de frío, otras de miedo... otras de soledad... Su pequeña bufanda ya no le protege... y su burbuja, pequeña en apariencia, parece haberse agigantado de tal manera que casi podría comerle...

En esa inmensidad, se siente perdido, sin rumbo... Da vueltas sin parar, siempre sobre el mismo punto. Da mil y una volteretas buscando mil y una perspectivas diferentes... pero tan sólo encuentra una... y esa es, la soledad fría de la burbuja.

La locura empieza a acecharle como un depredador a su presa... Escucha voces, dibuja sueños, imagina mundos... inventa realidades... Parece despegar los pies del mundo del que forma parte...

Quizás sea una señal, quizás una burbuja no sea la solución para un hipocondríaco corazón...  Quizás haya llegado la hora de salir al exterior...

Autor: Un Servidor

martes 29 de noviembre de 2011

Esperar...

Todo a mi alrededor parece moverse a golpe de gritos. El silencio juega a esconderse entre tanto ruido. Unos ríen, otros lloran... Algunos hacen malabares con los nervios. Intento abstraerme de todo eso. Convierto mi cabeza en una película muda. Muerdo mis labios para que callen mis pensamientos. Cierro mis ojos para que los párpados encierren mis lágrimas. Aprieto los puños para que mis manos no tiemblen...

El miedo se acerca con velocidad... Quizás si me quedo quieto no me vea...

No sé si todo irá bien... tan sólo me queda esperar...



Autor: Un Servidor

domingo 6 de noviembre de 2011

Alma

Y yo, montón de polvo dotado de alma... Alma sin definición ni rumbo, cargada de añoranza... Alma solitaria encadenada en el tiempo... Tiempo que pasa pero que nada cambia.


Autor: Un Servidor

domingo 23 de octubre de 2011

Crédulo miedo

El miedo está al acecho en cada paso que doy. Como pequeños demonios que recorren de arriba a abajo cada centímetro de este túnel exento de luz. Escucho sus movimientos. Parece que se deslice de puntillas con zapatos de charol. El ruido de sus uñas al adherirse a las paredes resuena en mis oídos dejándome sordo y desorientado. Incapaz de aclarar las ideas, incapaz de centrar mis sentidos en alcanzar la meta.

Hipnotizado por el miedo, mis piernas parecen volverse de trapo y, sin fuerzas para aguantar el peso de mi cuerpo, me dejan caer en el fango. Un fango lleno de dudas que cobran vida, que chupan la vida que yo parezco sacrificar, despreciar... Me ahogan por dentro casi sin esfuerzo, sin encontrar en mí resistencia alguna.

Y me hundo poco a poco, rendido ante el miedo... resignado a su cruel destino...

... Eso cree él...

... Eso le hago creer...



Autor: Un Servidor

domingo 18 de septiembre de 2011

Reloj de arena

Cae el último grano del reloj de arena, y yo caigo con él. Una mano invisible le da de nuevo la vuelta y el tiempo vuelve a correr. Atrapado en su interior, siento que me falta el aire. A mi alrededor sólo hay arena. La arena del tiempo. Tiempo que lo controla todo.

pic!

...Otra vuelta...

Cojo aire... El necesario para aguantar hasta el siguiente giro...

La arena besa mi piel... Es fría... Como todo aquí dentro. O quizás soy yo, desprovisto de alma, el que siente frío.

Mi alma... hambrienta de risas, llantos y emoción... Abandonó mi cuerpo, que se desmorona poco a poco. Aunque intento reconstruirlo, hay algo que no funciona. Quizás perdí una pieza... Quizás mi corazón... Quizás se lo llevo mi alma...

pic!

...Otra vuelta...

Una vez más, desde el principio... La arena se desliza, respiro de forma mecánica... Actúo como si alguien me manejara por control remoto... Sin sentimiento... Con un rostro que nunca cambia, que nada expresa...

Creo que me he mezclado con la arena... Soy un esclavo del tiempo.

pic!



Autor: Un Servidor.

lunes 22 de agosto de 2011

Me gustaría escribir...

Me gustaría escribir pero parece que he olvidado cómo...

Las palabras se escurren entre mis dedos... las frases se esconden en mi cabeza...

La imaginación baila a mi alrededor, parece burlarse... Se expone porque sabe que no lograré alcanzarla...


Busco los colores de la vida... la sonrisa que me inspira... Busco magia en bolsas vacías...

Autor: Un Servidor

domingo 24 de julio de 2011

Cascarrabias corazón 4

Aquella misma noche mi corazón decidió marcharse. Había estado todo el día en silencio. Como si algo amordazara sus labios impidiéndole hablar. Ni siquiera me había dirigido la mirada. Se había convertido en una especie de cuadro inanimado que no mostraba ningún tipo de emoción. Y ahora... ahora estaba guardando todas sus cosas en una pequeña maleta; su almohada, una caja de tiritas, los tapones para los oídos... y su capa de súperman. La doblaba con cariño, con cuidado, como si estuviera acunando a un bebé. Cerró la maleta, se subió a su silla de ruedas, aunque ya parecía bastante mejorado, y sin decir nada desapareció. Quise detenerle, quise gritarle que se quedara... que nunca quise renegar de él... pero no dije nada, me conformé con un doloroso silencio que ensordecía mis oídos. Volvía a estar solo, con mis pensamientos, con mis ideas... sin mi corazón.

Los días siguientes parecían desarrollarse en blanco y negro. Todo lo que hacía estaba impregnado de apatía y desgana. Deambulaba por el mundo como si algo me arrastrara a caminar sin rumbo. Únicamente los escasos segundos que invertía la joven de la cafetería en darme el periódico cada mañana parecían tener cierto color. Sin embargo, desde el día en que mi corazón cantó aquello de: love is in the air lalala love is in the air... no había vuelto a intercambiar palabra alguna con ella más allá de un simple buenos días. Mi cabeza, tras la huída de mi corazón, había cogido las riendas del poder y me manejaba a su antojo. Me tenía preso en una especie de cárcel sin rejas en donde no estaba permitido sentir. Donde no importaba nada más que la estabilidad de caminar con paso firme por un camino marcado y seguro, evitando el riesgo de una cuerda floja hecha solo para equilibristas.

El tiempo continuó avanzando en su particular carrera. Habían pasado ya seis meses, mi corazón seguía desaparecido, y yo me había acostumbrado a aquella vida gris que me había dejado en herencia. Sin embargo, en ocasiones, por mucho que se sigan unas instrucciones al pie de la letra, se obtiene un resultado totalmente distinto al que está marcado. La vida tiene esas sorpresas, y hasta la rutina puede dar un vuelco en el momento menos esperado.

Estaba lloviendo a mares. El paraguas que llevaba había pasado a mejor vida en una ráfaga de viento que me lo arrebató de las manos para partirlo por la mitad. Estaba calado hasta los huesos: pelo, ropa, zapatos... Me dirigía a la cafetería de siempre a tomar mi desayuno mientras leía el periódico de cada mañana. En la puerta me esperaba ella. Mi repartidora de periódicos. La chica que, en cierto modo, provocó la marcha de mi corazón. Al pasar por su lado extendí la mano para coger el diario, sin embargo, esta vez no me lo dio.

- Ay, lo siento... pero se me han acabado, creo que hoy la gente ha cogido más de la cuenta para poder resguardarse de la lluvia.

Eran las primeras palabras que me brindaba desde aquel día. Siempre me sonreía y me ponía cara de buena, pero nunca se atrevía a decirme nada.

- Bueno, no te preocupes... no pasa nada. Gracias de todos modos.

Iba a continuar mi camino pero para mi sorpresa ella siguió hablando.

- Bueno, no tengo periódico pero si quieres te puedo prestar mi paraguas... apuesto por la pinta que llevas que necesitas uno...

Su voz era suave, tímida, y parecía tener una especie de temblor provocado por los nervios. Yo me giré hacia ella, intenté mirarle a los ojos pero ella rehuyó mi mirada. Llevaba puesto un impermeable amarillo, de la empresa distribuidora de los periódicos. Su pie izquierdo estaba un poco más atrasado que el derecho y lo giraba en circulos presionando la punta contra el suelo. Tenía las manos delante de su pecho, entrelazadas, como intentando agarrar con firmeza los nervios que las movían.

- Gracias, pero iba a esperar en la cafetería hasta que escampara...

Contesté con demasiada frialdad. Esa frialdad que mi cabeza parecía poner como guardiana de mis palabras para evitar que infringieran la ley de la apatía, del orden, del control... de la ausencia del sentir.

- ahh... ¿puedo esperar contigo?

Tenía la mirada gacha... sus pómulos se habían coloreado de un rojo chillón que rompía con el escenario en blanco y negro que me rodeaba. En aquel momento sentí un pinchazo en alguna parte de mí. No sabría explicar donde exactamente, parecía provenir de todos lados y a la vez de ninguno. Ante mi falta de respuesta inmediata ella se empezó a poner cada vez más nerviosa y empezó a escupir palabras...

- Bueno, sólo si quieres... si no... pues no pasa nada... no quiero molestar... solo que... no sé, por si te apetecía...

Fruto de los nervios dio dos pasos a su izquierda y dejó al descubierto un pequeño motoncito de periódicos. En ese momento lo comprendí...

- ¿Sabes qué? Me encantaría que me acompañaras.

No sé muy bien cómo esas palabras escaparon de la prisión de frialdad. De pronto me sentía inundado de un sentimiento de ternura que creía olvidado. Abrí la puerta de la cafetería, la invité a entrar... Y en ese momento, un pequeño ser vestido con gabardina gris y un diminuto paraguas negro en la mano, pasó por mi lado... debajo de la gabardina sobresalía lo que parecía ser una capa de súperman...


Autor: Un Servidor


Cascarrabias corazón http://miotroyogcv.blogspot.com/2010/12/cascarrabias-corazon.html

Cascarrabias corazón 2 http://miotroyogcv.blogspot.com/2010/12/cascarrabias-corazon-2.html

Cascarrabias corazón 3 http://miotroyogcv.blogspot.com/2011/01/cascarrabias-corazon-3.html

domingo 17 de julio de 2011

Se cerró

Se cerró el grifo de la inspiración...

... camino de la tienda en busca de tarros de colores, sueños y noches estrelladas...

...sin dinero en el bolsillo...



Autor: Un Servidor